Jorge Arturo Rodríguez

Más clarito que el agua

“El diablo es optimista si cree que puede hacer más malo al hombre”, escribió Karl Kraus. También dijo que “el pesimismo es el reúma del espíritu. Al menos lo nota uno cuando hace mal tiempo”. ¡Qué nos va quedando al mundo actual! Puritito pesimismo y, si me apuran, fatalismo. No encuentro, por más que intento ver la realidad de otra manera, darle un sentido creativo, alentador –que no iluso-, con fuerza de salir adelante, siempre se me aparece en cada esquina la estupidez humana, por no decir la violencia atroz que a diario tememos. Y aquí recuerdo otra vez a Kraus: “La estupidez del mundo hace imposible cualquier trabajo excepto sobre Shakespeare”. He ahí lo bueno de la vida.

Sin embargo (no soy yo quien lo dice), hace unos días leí: “La Tierra va de mal en peor y todos podemos verlo, es desagradable y hasta doloroso, pero estamos acabando con nuestro entorno. Pero, ¿esto es nuevo? ¡No!

“En 1992, es decir hace casi 30 años, un grupo de expertos comenzó a anunciar el fin. La Unión de Científicos Preocupados, una organización estadounidense sin fines de lucro, publicó el documento se titulaba “Advertencia a la humanidad de los científicos del mundo” y estaba firmada por más de 1,700 investigadores, la mayoría de ella premios Nobel vivos.

“De acuerdo con ABC, la principal advertencia era que había un impacto definitivo y claro de las sociedades en el mundo natural, que esto podría llevar a la miseria humana y a un planeta “mutilado”.

“En 2017, los investigadores ya son ¡15 mil! de 184 países y todos han firmado la carta, a la que llaman una segunda advertencia, en la que se hace un llamado para que se registre un cambio por fin, pues las amenazas son aún más alarmantes.

“Redactado por el profesor de Ciencias Forestales de la Universidad Estatal de Oregon en Estados Unidos William Ripple, señala que el bienestar humano está seriamente comprometido, en primer lugar por el clima, sí, el cambio climático, en segundo lugar por la deforestación, la pérdida del acceso al agua dulce, la extinción de las especies y el crecimiento de la población.

“Publicado por la revista Bioscience, el artículo asegura que las personas suelen pensar que solo están siendo alarmistas, pero la evidencia apoya las ideas que han surgido. “… quienes firmaron esta segunda advertencia no solo no están dando una falsa alarma, están reconociendo las señales obvias de que estamos yendo por un camino insostenible”, advierte Ripple”. (www.eluniversal.com.mx/15-11-17).

Ahí ‘ta. ¿Será cierto? Más clarito que el agua… ¡Pero cuál agua clara!

Los días y los temas

Y qué tal la nota: “En un recuento a nivel regional, México lidera las estadísticas de feminicidio, al registrar siete de cada 12 casos en Latinoamérica. El dato lo proporcionó la investigadora del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Perla Orquídea Fragoso Lugo, al presentar ponencia en el Salón Azul de la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana. En el mismo sentido, anunció que en un lapso de nueve años, en el periodo 2007-2016, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística reportó 22 mil 482 asesinatos de mujeres. Esto es, explicó, una mujer muerta cada 4 horas en el citado lapso”. (alcalorpolitico.com/15-11-17).

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, publicado en testigopurpura.com, en Veracruz 1 millón 226 mil 981 mujeres han vivido alguna situación de violencia con su pareja; 43.1 por ciento vive en la zona urbana; 40.6 vive en la zona rural. En el país sólo presentaron denuncia 5.7 por ciento de las mujeres. Algunas no sabían cómo denunciar; otras no lo hicieron por miedo o vergüenza; algunas más consideraron la agresión sin importancia.

Ta güeno. ¿Cuándo iremos a cambiar, pero a favor?

De cinismo y anexas

Los dejo con Karl Kraus: “En esta época gorda y pesada, en la que ocurre lo que uno no podía imaginar, en la que debe ocurrir lo que uno ya no puede imaginar, pues si se pudiera no ocurriría; en esta grave época, que se ha muerto de risa ante la posibilidad de volverse grave, que sorprendida por su tragedia procura distraerse, que cogida in fraganti busca palabras; en esta época estridente que retumba por la horripilante sinfonía de hechos que producen informaciones y de informaciones que originan hechos: en esta época no esperen ustedes de mí ninguna palabra propia. Ninguna salvo esta que resguarda el silencio de los malentendidos. [...] en el reino de la falta de imaginación, donde las personas mueren de hambre del alma sin ni siquiera sentirla, donde las plumas se mojan en sangre y las espadas en tinta, debe hacerse lo que no se piensa, pues lo que sólo se piensa en inefable. No esperen de mí ninguna palabra propia. [...] Los que ahora no tienen nada que decir, porque la acción tiene la palabra, siguen hablando. ¡Quien tenga algo que decir, que dé un paso al frente y se calle!”.

Ahí se ven.